La productividad se esconde en una «Not-To-Do list»

Este texto forma parte de la serie «Emprender con calma siendo freelance: alternativas al turboproductivismo»

Cuando sentimos que «no nos da la vida» y queremos ponerle solución, nuestra reacción más común, a veces incluso de manera inconsciente, suele ser la de optimizar procesos: reorganizar la agenda, probar el enésimo organizador de tareas, automatizarlas, o incluso decidirte a probar ese innovador sistema de productividad que el gurú Joseluis asegura devolverá la magia y veinte horas más de día a tu vida. ¿Y si la clave para que la suma de los días no te pase por encima no está en darle veltas a cómo hacer de manera más eficiente lo que haces, sino en dejar de hacerlo?

En general en cualquier carrera profesional, pero especialmente cuando emprendemos y más aún cuando lo que lideramos es un proyecto unipersonal, el turboproductivismo lo atraviesa todo. Tendemos a identificar el hacer más con el progreso de nuestro negocio y a vivir el frenesí como la condición necesaria para que surjan las oportunidades. Error. Es una trampa.

Hacer menos cosas es el primer paso para lograr lo que te propones. Cuando eliminas, cuando renuncias, cuando sueltas, además de tiempo liberas carga mental, energía cognitiva y lo más importante, atención. Justo lo que más necesitas para atender la dimensión reproductiva de tu negocio, esa que sostiene la parte productiva (la que te permite facturar), pero sin la que tu proyecto no existiría.

Cuando abordamos nuestros emprendimientos bajo el marco dimensión productiva- dimensión reproductiva del negocio, eliminar no significa renunciar a nuestras ambiciones, tiene que ver con proteger el sistema sobre el que se sostiene el combo inseparable trabajo-vida. Cada tarea o actividad innecesaria que mantienes te erosiona en lo cotidiano y reduce tu capacidad de decisión estratégica. Es lo que te hace sentir que vas «a salto de mata». En cambio, eliminar es un acto de puro diseño preventivo.

Qué solemos mantener por miedo (no por estrategia)

Muchas veces no sentimos saturación porque haya un exceso de oportunidades que queremos aprovechar, sino por acumulación histórica, por no haber parado lo suficiente a analizar las inercias que nos arrastran. Algunas suelen estar relacionadas con:

  • Reuniones que podrían no existir.
  • Servicios poco rentables que mantenemos por inseguridad.
  • Clientes drenantes que mantenemos por miedo a perder facturación (aunque pudiera ser que librándonos de ellos encontrásemos otras fuentes de ingresos más lucrativas y más confortables).
  • Presencia constante en redes por miedo a desaparecer.
  • Proyectos que ya no conectan con nuestros deseos.

¿Te reconoces en alguna de esas situaciones?

Cómo empezar a soltar esta misma semana sin que el mundo (y tu emprendimiento) se derrumben

Te hago propuestas muy concretas que puedes decidir abordar esta misma semana para eliminar alguna de las inercias que te mencionaba arriba:

  • Reuniones que podrían no existir. Esta semana cancela una. Solo una. Elige la más repetitiva o la que siempre acaba en “lo vemos la semana que viene”. Sustitúyela por un correo con tres puntos claros y una pregunta cerrada que obligue a decidir. Si nadie protesta, no era necesaria. Y si alguien protesta, pide que concreten qué resultado específico aporta esa reunión que no pueda lograrse por escrito. La mayoría se caen solas.

  • Servicios poco rentables que mantienes por inseguridad. Revisa tus ingresos de los últimos tres meses y marca el servicio que menos margen deja y más energía consume. Esta semana deja de ofrecerlo a nuevos clientes. No tienes que anunciar su muerte todavía. Solo deja de promocionarlo. Observa cómo te sientes al no empujarlo. Muchas veces el alivio es la señal de que ya estaba amortizado emocionalmente.

  • Clientes drenantes que toleras por miedo a perder facturación. No hace falta despedir a nadie de forma dramática. Empieza por subir ligeramente el precio en la próxima renovación o por redefinir claramente los límites de lo que incluye el servicio. Si el cliente acepta, mejora el equilibrio. Si no acepta, el sistema se regula solo. Eliminar no siempre es cortar de golpe, a veces es dejar de sostener dinámicas que ya no encajan

  • Presencia constante en redes por miedo a desaparecer. Prueba algo sencillo: una semana sin publicar. No sin existir, sino sin producir contenido nuevo. Usa ese tiempo para revisar qué publicaciones te trajeron clientes reales y cuáles solo generaron interacción vacía. La visibilidad útil no se mide en frecuencia, sino en impacto. Si tu negocio se tambalea por siete días de silencio, el problema no es el algoritmo, es la estrategia.

  • Proyectos que ya no conectan con tus deseos. Escribe el nombre del proyecto en una hoja y responde a una pregunta incómoda: “Si hoy empezara desde cero, ¿volvería a elegirlo?”. Si la respuesta es no, decide un micro-gesto esta semana: pausar una fase, no enviar una propuesta, no insistir en una convocatoria, no dedicarle más energía hasta nueva revisión. No todo lo que empezamos está obligado a terminarse.

Eliminar no es perder oportunidades, es dejar de sostener lo que ya no sostiene tu vida.

Con calma.

Eliminar es el primer gesto. Nombrar el trabajo invisible que sostiene tu negocio será el siguiente, lo abordo en el próximo post de esta serie. Mantente al tanto de su publicación suscribiéndote a La Slow Newsletter.

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