Más Manuelas Malasañas y menos princesas

Este 2 de mayo me desperté con ganas de rendir homenaje a Manuela Malasaña. Las rebeliones populares a lo largo de la historia han tenido casi siempre a a hombres como símbolos, pero el alzamiento del pueblo madrileño contra las tropas del General Murat en 1808 dejó un mito con nombre de mujer. Una luchadora  de la que esta «gata» que escribe se siente tremendamente orgullosa.

La leyenda que rodea a este icono de la historia de Madrid no deja claras las circunstancias que provocaron su muerte:  fusilada dicen unos, herida mientras aprovisionaba de artilleria a los que resistían en su barrio cuentas otros, ejecutada en plena calle por unos soldados fraceses que intentaron violarla y de los que ella se defendió con sus tijeras de costurera…, el caso es que  murió por gritar, por alzar la voz, por decir ¡basta! Nunca me hablaron de Manuela Malasaña en clase de historia, la descubrí a golpe de botellón en los 90 en el barrio de Madrid que lleva su nombre. Las únicas mujeres que aparecían en mis libros de texto eran reinas o princesas. Mal comienzo para intentar aprender del pasado a base de referentes que estaban lejos de lo que yo podría llegar a ser algún día. Hubiese aprendido lecciones mucho más valiosas con Manolita Malasaña de por medio. Mostremos a nuestras hijas que muchas mujeres de carne y hueso fueron las que cambiaron verdaderamente el rumbo de la historia, se lo merecen.