Empezar desde cero o la droga del emprendedor

Emprendí por primera vez hace  casi ocho años. Cuando hoy miro hacia atrás con la perspectiva que te da el paso del tiempo, con un poco más de aprendizaje a mis espaldas y una red profesional un poquito más grande creo que definitivamente estaba completamente zumbada a mis 25 años cuando me atreví a dar ese paso con todo lo que implicó. Emprender duele. Yo no lo sabía. Hoy sí lo sé, pero afortunadamente sigo igual de poco cuerda como para empezar otra vez desde cero.

Hace unos meses, cenando con Marta Esteve en Málaga estuvimos hablando sobre el asunto. Y esta semana, una semana en la que he tenido que enfrentarme a unos cuantos retos a causa de estar lanzando Corner Class he vuelto a reflexionar mucho sobre ello. ¿Qué es lo que te empuja a seguir buscando, seguir arriesgando, seguir sacrificando y seguir emprendiendo cuando en realidad tienes un proyecto más o menos estable con el que tu vida podría ser cómoda, tranquila, sin ansiedades? Dedicarme exclusivamente a las aventuras profesionales que ya están en marcha en mi vida como Atalaya Formación o Ellas 2.0 daría como resultado una existencia que se parecería mucho más a un viaje en barca por el estanque de El Retiro que a este ejercicio de rafting que practico cada día sorteando rápidos y corrientes.

Empezar desde cero implica no tener una tarjeta de visita que te avale, supone volver a construir una red o parte de ella, tiene que ver con volver a hacer un uso exhaustivo de tu paciencia, de tu fe en el futuro, aferrarte ciegamente a la esperanza porque no tienes otra cosa y volver a considerar al fracaso como el compañero más importante de tu viaje. Es cierto que has recorrido un camino y que tu bagaje es mucho mayor que cuando empezaste tu primer proyecto, así que exactamente no comienzas desde la nada, pero a nivel emocional, no tanto a nivel de recursos, estás igual de desnuda y algún que otro miedo al que creías haber perdido de vista para siempre, vuelve a aparecer en escena.

Y todo eso no es malo, porque aún así, no te imaginas otra manera de vivir tus días, es pura adicción. Supongo que lo de ir rompiendo «círculos de confort» es un estilo de vida que a muchas y a muchos nos tiene enganchados. ¿Hacia dónde nos lleva? Lo más probable es que hacia otro comienzo desde la nada 😉