Pasé mucho tiempo pidiendo perdón —a veces literalmente, otras solo en mi cabeza— por tener una empresa pequeña que era rentable y sostenible, pero que a ojos del relato dominante del emprendimiento era poco ambiciosa, poco innovadora: el tipo de empresa que solemos poner en marcha muchas mujeres.
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Este post forma parte de la serie «Miniposts», un experimento que estoy llevando a cabo para nutrir de más contenido original a mi propia web y de un poco menos a los tecnofeudos que son hoy en día las redes sociales.
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