Vengo con lo de Jack Dorsey y los despidos porque la IA y los ríos de tinta opinando y el fin del mundo tal y como lo conocemos y la pereza argumental máxima, tengo que decir.
Antes de leer cualquier opinión de gente (señores en su mayoría) muy bien posicionada mediática y financieramente sobre cómo la IA va a reconfigurar el mercado laboral mañana mismo y a hacer las mejores croquetas que has probado en tu vida (superando incluso a las de tu abuela), yo me hago siempre dos preguntas-filtro:
1) Este ser humano, ¿tendrá intereses económicos en que esto de la IA cuaje? Lo del «follow the money» nunca falla.
2) Este ser humano, ¿muestra indicios de gestión adecuada de la memoria o tiene más pinta de adanista que se sube a la última ola sin recordar todas las que anteriormente le han zarandeado bien cuando la ola inicia su descenso?
Y desde ahí, absolutamente situada, recibo el mensaje. Ahora, te animo a filtrar el mío, el que dejo a continuación situándote tú también (puedes saber más de mí aquí):
Que una empresa esté sobredimensionada después de años de capital barato no es ninguna novedad. Lo vimos en:
- Twitter (fundada por Dorsey) antes y después de Musk.
- Meta en 2022.
- Stripe en 2025.
- Y prácticamente todo el ecosistema “growth at all costs”, lo más habitual en el mundo startup sostenido por VC.
Dorsey ya reconoció en su momento que Twitter había crecido demasiado rápido en plantilla (hay tuits públicos al respecto). Eso no lo convierte en un genio de la eficiencia retroactiva, lo convierte en parte del patrón típico de startups y scaleups con abundante capital: crecer en headcount como señal de ambición.
Cuando ahora despide al 40% y lo enmarca en IA, pueden estar pasando varias cosas a la vez:
- Puede que realmente crea que la automatización permite operar con menos personas.
- Puede que Block estuviera sobredimensionada.
- Puede que la IA sea el paraguas narrativo perfecto para justificar un ajuste que igual habría hecho de todos modos porque no factura todo lo que se suponía que tenía que facturar (o que prometieron que iban a facturar).
La clave en todo esto es el efecto narrativo (en este punto me pregunto cuántos dolarines tendrá Dorsey invertidos en «the next big thing» que ya sabemos tú y yo y toda esa gente que no para de dar la turra que se trata de la IA).
El dato más elocuente de toda esta historia no es el número de despidos, es la subida del +24% de las acciones de Block en bolsa. Wall Street no está premiando la visión tecnológica, sino la mejora inmediata de márgenes vía reducción de costes laborales. Es «Bolsa 101» y sí, eso crea un incentivo perverso. Si anunciar IA + despidos sube tu acción, otros CEOs imitarán la jugada.
La IA es ya herramienta simbólica de reestructuración financiera. No porque todos los trabajos puedan sustituirse hoy, sino porque el mercado cree que pueden sustituirse mañana. Pero como en todos los sistemas complejos, hay una cara B que no se ve tan claramente desde el miedo que estas situaciones desencadenan.
Ahora la paradoja, la cara B del asunto
Al mismo tiempo que Dorsey barre su casa y los mercados le premian:
- Nvidia cae por dudas sobre sostenibilidad del capex.
- Los hyperscalers gastan como utilities.
- Las acciones bajan cuando inviertes demasiado en chips.
Es pura tensión estructural:
- Para que la narrativa de IA se sostenga, necesitas gastar masivamente en infraestructura.
- Para que la acción suba, necesitas mostrar disciplina en costes.
Es imposible optimizar ambas cosas indefinidamente.
Además, si medio mundo pierde empleo por la IA, ¿quién va a pagar por los servicios que la IA va a proporcionarnos? No sé tú, pero yo entre IA y bocata de jamón, elijo bocata (y caña acompañando). La automatización no ocurre en el vacío. O redistribuyes renta o erosionas demanda. Y sin demanda, no hay mercado que sostenga la infraestructura que estás financiando.
En momentos de incertidumbre como el que transitamos, quien define el marco interpretativo gana ventaja. Dorsey no solo despide, el tipo declara que “la mayoría de empresas harán lo mismo en un año”. Eso no es un comunicado con los mercados como target, es un intento de marcar agenda. Si suficientes líderes repiten esa idea, se convierte en profecía autocumplida.
Pero hay una Cara B en todo este asunto que Dorsey no nos cuenta: muchas comunidades ya se rebelan contra la construcción masiva data centers (imprescindibles para el desarrollo de la economía de la IA) y su impacto medioambiental, hay un malestar creciente por el aumento de costes energéticos y cada vez somos más las que sospechamos que se está produciendo una concentración tecnológica sin precedentes (y eso que hemos vivido el nacimiento y auge de las Big Tech). Además, que si la narrativa pública muta a algo como «la IA es principalmente una herramienta para despedir gente y enriquecer accionistas”, el péndulo regulatorio puede moverse rápido.
Por supuesto que gracias a la IA algunas empresas van a ganar eficiencia significativa, algunos sectores se van a reconfigurar profundamente y servirá para equilibrar estructuras laborales que realmente estaban infladas. La clave aquí reside en entender la dinámica cultural del ajuste y no olvidar que Silicon Valley- desde donde, de nuevo, por enésima vez, estamos importando narrativa- tiene tendencia a sobredimensionar de forma casi exuberante, recortar brutalmete en contextos de miedo y narrativizar ambos extremos como genialidad estratégica.
Nada de eso es madurez industrial, ni brillantez, ni significa ser los lapiceros más afilados del estuche, es volatilidad cultural con capital abundante, con muchos «billets» para gastar.
Desde el epicentro del ruido, creo que más allá de ponerle atención a lo que ha hecho Dorsey, conviene no perder de vista las obviedades: los mercados premian recortes laborales mientras dudan de la sostenibilidad del capex en IA y eso indica, sin lugar a dudas, que los inversores quieren eficiencia inmediata, pero no están totalmente convencidos del crecimiento estructural a largo plazo.
Yo no puedo evitar pensar que esa tensión es el corazón de una fragilidad sistémica que no conviene perder de vista. El miedo paraliza, la euforia ciega y lo que necesitamos ahora es memoria y estructura.
Con calma.
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