Crear y sostenerse sin trabajar para el algoritmo

Las plataformas, esos tecnofeudos en manos de muy pocos propietarios riquísimos, llevan protagonizando nuestras vidas emprendedoras demasiado tiempo. Organizamos nuestros negocios en torno a ellas: las habitamos en lo cotidiano, las usamos para compartir lo que pensamos, lo que creamos y lo que nos importa.

Y es con ese gesto, el de tener que estar constantemente presentes, que seguimos alimentando una maquinaria que no está diseñada para protegernos, ni para cuidarnos. Ni si quiera para hacer sostenibles nuestros proyectos, porque es insaciable, siempre espera más y más de nuestro lado y nos devuelve cada vez menos.

Las personas que hoy emprenden escribiendo, ilustrando, investigando, formando… desde el margen (y muchas veces, desde el borde del agotamiento) están enfrentándose no solo al problema de la visibilidad, sino también al de la viabilidad.

Llevo años organizando mis búsquedas intelectuales y los «haceres» que surgen de ellas a partir de preguntas. Hay una que me obsesiona en los últimos tiempos: «¿cómo sostenemos una práctica emprendedora creativa que no se pliegue al algoritmo ni a la economía de la atención?». Es uno de mis imperios romanos.

El modelo dominante: individualismo y precariedad

La explosión de newsletters, canales de vídeo, pódcasts, substackers, creadores en Patreon o Ko-fi ha hecho visible algo que ya sabíamos: hay hambre de otras voces y muchas personas están dispuestas a pagar por contenidos que no estén filtrados por plataformas, publicidad o modas virales. Pero el modelo dominante sigue reproduciendo una idea muy concreta: para sobrevivir en la industria de la creación de contenidos tienes que convertirte en una marca personal.

Substack, por ejemplo, no solo te da una herramienta para escribir: te exige (aunque no lo diga) una narrativa de autoría solitaria, una estética de liderazgo de opinión, una lógica de competencia silenciosa con el resto. Algunas personas brillan ahí, pero muchas más se quedan por un camino que es solitario y precario. Insostenible para la mayoría. Indeseable y lleno de malestares para otros tantos.

Una alternativa: lanzar en colectivo, compartir estructura

Transitando esa búsqueda -muy vinculada a mi investigación doctoral- andaba yo, cuando hace un tiempo me crucé con un proyecto que le dio una nueva dimensión a mi pregunta. Es una propuesta de Yancey Strickler, cofundador de Kickstarter. Se trata de A-Corp. La idea es sencilla y poderosa: en lugar de lanzar proyectos creativos de manera individual, podemos hacerlo de forma colectiva. Sin perder la autoría, pero compartiendo visibilidad, estructura y sostenibilidad.

Lo están aplicando desde Metalabel, un laboratorio de publicación colectiva fundado por él mismo donde distintos autores lanzan lo que llaman drops: ediciones editoriales compartidas que reúnen varias piezas (ensayos, vídeos, audios, fanzines digitales…) en torno a un tema, con curaduría y una estrategia común.

Cada drop es una experiencia editorial impulsada de manera colectiva, donde todas las personas implicadas reciben parte del beneficio económico. No hay inversores, no hay algoritmo, no hay urgencia artificial. Solo una constelación de voces que deciden unirse para hacer algo más grande que la suma de sus partes.

¿Qué es exactamente una A-Corp?

En términos prácticos, una A-Corp es una estructura legal y económica que permite a un grupo de personas lanzar algo conjuntamente y compartir tanto los costes como los ingresos. A diferencia de una empresa tradicional (donde los beneficios se reparten según inversión de capital), en una A-Corp el reparto se basa en contribución creativa y decisión conjunta.

Puede sonar a cooperativa cultural, pero su enfoque no es burocrático. Es modular, flexible, orgánico. No exige montar una sociedad, ni tener estatutos eternos, ni dar de alta una empresa. Es una fórmula ligera para unirse, lanzar algo bello y disolverse si hace falta. Y lo más interesante: no parte del contenido como mercancía, sino como ritual colectivo. Como una forma de crear sentido juntos y no solo de trabajar en términos de mercado.

No nos quedemos aquí. Más preguntas para seguir avanzando

  • ¿Cómo sostenemos la creación de contenidos con ética, sin caer en el sálvese quien pueda?
  • ¿Qué estructuras nos permiten colaborar sin jerarquías ni precariedad?
  • ¿Cómo diseñar formas de financiación que partan de la confianza y no del control?
  • ¿Qué pasa cuando el valor de un contenido no depende del alcance, sino de la resonancia?

A-Corp no es la única respuesta, pero me parece una de las propuestas más audaces y realistas que han surgido en los últimos años para quienes estamos en esa intersección entre el emprendimiento, la comunicación y la información, la tecnología y la vida vivible.


Una conversación pendiente: TalkX con Yancey Strickler

Por todo esto, me hace especial ilusión anunciar que el próximo 10 de septiembre estaré conversando con Yancey Strickler en el marco de las TalkX de Santander X Explorer.

Será una conversación abierta, donde hablaremos de:

  • Cómo nació el concepto de Metalabel.
  • Qué aprendizajes ha traído lanzar proyectos en colectivo.
  • Cómo se puede aplicar este modelo fuera del mundo anglosajón.
  • Qué pasaría si dejáramos de medir el impacto de nuestras ideas solo por sus métricas y nos animásemos a innovar escapando de los tentáculos la tiranía de lo cuantificable.

No es solo una charla para emprendedores, aunque lo parezca. Es una invitación a repensar cómo trabajamos, cómo colaboramos y cómo sostenemos lo que hacemos sin tener que adaptarnos a sistemas que no fueron hechos para cuidarnos.

Necesitamos estructuras que acompañen a las personas que crean con propósito desde lo común y que no quieren ser otra marca más.Si te interesa este tipo de exploraciones, si estás buscando maneras de crear sin quemarte, si quieres imaginar otras formas de estar juntas en esto: nos vemos el 10 de septiembre en el canal de Twitch de Santander X Explorer.


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