Crecer

Soy muy fan de Valentino Rossi. Desde casi siempre. Desde sus 16 y mis 17 años.

Seguirle los dos últimos años ha sido doloroso. Acostumbrados a verle ganar, pelear, disfrutar de su pasión y sonreir, sobretodo sonreir, sus fans hemos vivido su paso por Ducati con la misma frustración que se le adivinaba a él en cada carrera. Valentino abandonó su eterna sonrisa y él, campeón del mundo de motociclismo en nueve ocasiones, pasó dos años sin subirse a un podium.

Y entonces se hizo mayor. Y todos los que llevamos años siguiéndole, también. Decidió aparcar su ego, su Ducati y volver a Yamaha como segundo piloto. Vuelve a sonreir. Está contento, no mide sus palabras, ni sus tuits (que por cierto son mucho más abundantes, los suyos y los de su moto, que también tuitea). A mí todo esto me ha hecho reflexionar sobre lo que significa crecer.

Crecer es renunciar al ego para pasárselo bien.
Y disfrutar de la vida.
Crecer es no aferrarse al resultado de años de esfuerzo y soltar lastre para volver a ir más rápido.
Crecer es desterrar el estatus para seguir estando en la carrera.
Crecer es no escuchar a tus enemigos y tener sólo oídos para tus amigos.
Crecer es equivocarse y asumir que volverás a hacerlo, tarde o temprano, sin que eso te asuste.
Crecer es vivir.

En dos semanas comienza el mundial de este año. El Doctor volverá a los podiums o no, pero lo que es seguro es que nos ha devuelto la ilusión por las cosas sencillas. Sólo por eso merece la pena hacerse mayor. Crecer es el camino.